martes, 3 de enero de 2012

El mundo del niño y la realidad del adulto

Una vez más vuelvo a escribir una reflexión sobre aquello que durante este bloque he podido aprender. Es cierto que cuando dejamos un año atrás parece que en ese momento quieres detener el tiempo para analizar todo aquello que te ha sucedido; ya que ha pasado tan rápido que ni siquiera te has percatado.
Pues algo así me ha sucedido con el tema que hace ya un tiempecito que pusimos punto y final. Normalmente, cuando se es pequeño no te percatas de las cosas que los cuentos que lees o que te cuentan quieren decir, puesto que sinceramente, lo único que buscas es que te diviertan y que te gusten. Sin embargo, en el fondo de los conceptos que he escrito con anterioridad están ocultos esos pequeños detalles que hacen de un libro tu pasión o por lo contrario un aburrimiento cada vez que lo vuelvas a ver.
No sé por qué, a la gente le da miedo de volver a recordar esos años de su vida; cierto es que a muchos les vienen a la cabeza momentos malos, pero aún así debemos lograr que vuelvan a aparecer, ya que de todos ellos podremos aprender cosas para que el día de mañana seamos unos maestros de verdad, con el fin de evitar al menos por nuestra parte, que muchos de los alumnos odien la lectura o un cuento en concreto.
Una vez que he llevado a cabo esta pequeña introducción relacionemos lo que he comentado anteriormente con el tema. Parece mentira que todas aquellas películas o personajes que nos gustaban de chicos, guardasen tantas características detrás de los mismos. Por eso ahora es el momento oportuno para decir “nada es lo que parece”. Seguro que es una de las frases más escuchadas por todos nosotros pero que a mi parecer implica mucho pensamiento y reflexión detrás de cada una de sus palabras.
En sus orígenes, todo aquello que hoy conocemos fue diferente. Curiosamente, podemos afirmar que se relaciona en parte con las distintas corrientes de pensamientos y características culturales que han hecho evolucionar a los pueblos y ciudades no solo de España; sino también del extranjero.
Sin embargo, fijaos si somos poco curiosos a la vez que conformistas que no queremos darles otro enfoque distinto al que nosotros conocemos. Las personas que quieren ir más allá tienen una mente abierta que está expuesta a los cambios y por lo tanto, de una palabra o una imagen, sacan más cosas de las que a priori podemos pensar que tienen.
Por ejemplo, esto ocurre cuando vemos el arte contemporáneo, sí es cierto que es un tanto abstracto pero quizá es el único que realmente deja volar nuestra imaginación sin tener en cuenta ni prejuicios ni estereotipos sino solo aquellos sentimientos que eso nos inspire.
Pues esto mismo lo podemos trasladar al mundo de la literatura. Al igual que nosotros al ver un cuadro pensamos cosas diferentes, los pintores o escritores también lo hacen. Ellos en parte, en sus libros dejan un  pedacito de cómo son, ya que es la manera que tenemos de conocerles. Pero, ¿para qué?, nosotros vamos a lo más facilón que es quedarnos con “Blancanieves y los siete enanitos”, o con “Cenicienta” y su príncipe azul; y así nos pasa, que somos realmente superficiales a la vez que materialistas, sin darnos cuenta de que la vida es algo más que todo eso.
Muchas veces nos creemos que hemos de ser tan perfectos como los personajes que aparecen en las distintas versiones que Disney ha creado a raíz de esas historias tan fantásticas que en un primer momento solo tenían como fin entretener. Esto no os penséis que es tan sencillo, aunque así lo parezca. Pienso que en los momentos más divertidos es donde más cosas podemos aprender porque realmente estamos relajados y disfrutamos de lo que se nos está contando. Aunque paradojas de la vida, parece ser que la sociedad tiene en mente que todo aquello que contemos a los más pequeños en sus primeros años de vida ha de perseguir una función educativa, y digo yo ¿por qué?
Tenemos que tener en cuenta muchos aspectos para poder responder a esta cuestión. Si hiciese referencia a que son niños, seguro que todos pensaríais una vez más qué pesadez de argumento, porque es lo que más se ha estado repitiendo durante tiempo inmemorable. Por eso, voy a ir a algo que desde mi humilde opinión creo que es más adecuado y fácil para que la gente pueda comprenderte cuando queremos explicar o argumentar una idea determinada y esto es un ejemplo.
Aunque ahora ya tengamos unos añitos, obviamente no nacimos así. Las vidas de cada uno han sido completamente diferentes, pudiéndolas asemejar con los diferentes personajes que encontramos en las historias que hoy día se han convertido en infantiles. Por eso, es conveniente darle distintos enfoques a los argumentos que en ocasiones leemos, siempre llevándolos a un terreno personal porque siempre nos será más sencillo comprenderlo.
Cuando somos pequeños, hay que decir que nuestra mente no se ha desarrollado en su totalidad, con lo que solo nos preocupa jugar. Conforme vamos creciendo, los intereses comienzan a fluctuar según nuestro cuerpo comienza a crecer, siendo cada vez un poquitín más alto, (aunque luego algunas nos quedemos tan bajitas como yo) pero bueno, esa no es la cuestión. Entonces llegamos a la edad adulta, pero nuestra mente tampoco se pude decir que haya experimentado grandes cambios, ya que se nos han quedado arraigadas las ideas que se nos han inculcado desde que éramos enanos. Esto nos lleva una serie de consecuencias en el presente a pesar de que pensemos que no es así.
Si plantease cuántos habéis investigado o al menos contrastado algunos de los argumentos que os han dado para explicaros cualquier tema, os puedo garantizar que me sobrarían los dedos de una mano para contarlos. Esto tiene un efecto dominó repercutiendo por tanto, en la tipología de maestros y en la clase de explicaciones que en el futuro vayamos a dar a nuestros alumnos. Lo que no  se pude entender es que por un lado estemos dispuestos a cambiar la educación, como muchos han mostrado a lo largo de estos años de carrera, pero por otro lado, no contrastamos ni opiniones ni argumentos y en parte, así, seguimos manteniendo esos comportamientos de niños.
Yo siempre he pensado que hay que predicar con el ejemplo, por eso, en parte tenemos que desterrar ciertas ideas que se nos han quedado encajadas en la mente, firmemente arraigadas para que podamos ser maestros que marquen un antes y un después, demostrando a nuestros alumnos que somos competentes, que no nos fiamos de aquello que todos nos dicen y tenemos un criterio propio para decidir las cosas que afectan a nuestra vida.
En referencia al párrafo anterior, me gustaría hacer un breve comentario. A lo largo de este tiempo, he tenido el privilegio de cruzarme con personas que realmente se encajan a las características que he descrito. Considero que vivimos en un mundo, en el que desde el respeto, podemos compartir todo tipo de ideas, por ello, para mí, esos compañeros, amigos y gente a la que quiero en parte representan a cada uno de los personajes de los libros así como a la ideología de sus autores. Algunos son hadas y otros pequeños pulgarcitos que combaten contra gigantes, y desde luego que si nuestro pensamiento deja de tener ciertas barreras podremos llegar a alcanzar la ternura que en sus comienzos tenían, tienen y seguirán teniendo cuentos como “la Bella y la Bestia”.
Si trasladamos esta manera de pensar a nuestra labor como maestros, hemos de reconocer que es bastante complicado. Los momentos sociales y culturales han cambiado mucho desde hace unos años hasta ahora, por lo que a mi parecer, llegamos nosotros en un momento crítico. Digo esto por que tenemos dos posibilidades: mantener las puertas y ventanas cerradas ignorando así la posibilidad de transmitir el sentido crítico a nuestros alumnos, o todo lo contrario, guiarles para que ellos mismo vean aquello que les conviene más definiendo así la clase de personas que quieren llegar a ser en el futuro.
A los más pequeños, dejémosles seguir soñando por unos años, puesto que conforme pase el tiempo parecerá que han dejado en el olvido esos años en los que creían en princesas o hadas, o en los que te contaban historias de grandes dragones y soñaban con grandes y divertidas experiencias.
Y a los más mayores, mostrémosles todas las cosas que nosotros hemos aprendido durante este corto pero intenso viaje por el mundo de los cuentos y libros, donde princesas, príncipes o reyes representaban valores como la fidelidad, el amor, la amistad o la lealtad. Seamos capaces de, sin perder la esencia que nos caracteriza, abrir la mente al mundo que todavía a estas alturas desconocemos. No tengamos miedo de ir más allá, porque eso hará de nosotros no solo personas competentes sino también extraordinarias, que mantendremos nuestro niño y nuestro adulto conviviendo juntos complementándose mutuamente.
Por último, me queda decir que soñar, crecer y hacerse preguntas es posible, y nos abre las puertas a conocer a gente como la que yo tengo el privilegio de tener a mi lado. De verdad que son increíbles y os invito a todos que esas tres cosas que he dicho anteriormente podáis mezclarlas y hacerlas viables en vuestras vidas. Nunca dejéis de soñar, no perdáis la ilusión y sobre todo seguid siendo esos personajes de cuentos que sois.

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